La Importancia de una Revisión Cardiovascular: Cuida tu Corazón desde Ahora

23 de junio de 2026 Dr. Carlos Roberto Martínez Santos
Introducción cautivadora La salud del corazón es uno de los pilares fundamentales para disfrutar de una vida plena y activa. En México, las enfermedades cardiovasculares son una de las principales causas de muerte, lo que hace que la prevención y el

Introducción cautivadora

La salud del corazón es uno de los pilares fundamentales para disfrutar de una vida plena y activa. En México, las enfermedades cardiovasculares son una de las principales causas de muerte, lo que hace que la prevención y el diagnóstico temprano sean cruciales. Pero, ¿cuándo es el momento adecuado para realizarte una revisión cardiovascular? ¿Qué aspectos debes considerar? En este artículo, te ofreceremos una guía clara y accesible sobre la importancia de las revisiones cardiovasculares, especialmente para aquellos que están en riesgo.

¿Por qué es tan importante una revisión cardiovascular en México?

En México, las enfermedades del corazón y los problemas del sistema circulatorio están entre las primeras causas de muerte en adultos. Instituciones nacionales de salud han mostrado que una gran parte de los infartos y embolias se relacionan con factores que sí se pueden detectar y controlar: presión alta, colesterol elevado, diabetes, obesidad y tabaquismo.

Muchos pacientes llegan al hospital hasta que ya tuvieron un infarto, una embolia cerebral o insuficiencia cardiaca. En etapas tempranas, la mayoría de estas enfermedades no da síntomas claros, de ahí la importancia de revisarse antes de que aparezca una emergencia.

¿Cuándo debo hacerme una revisión cardiovascular?

Piensa en tres escenarios: por edad, por factores de riesgo y por síntomas.

a) Por edad (aunque te sientas bien)

Para población general, sin diagnóstico previo ni molestias:

  • Hombres:
    • A partir de los 40 años: recomendable una revisión cardiovascular básica, aunque no tengas síntomas.
    • Repetirla cada 1 a 3 años, según resultados y estilo de vida.
  • Mujeres:
    • A partir de los 50 años o desde la menopausia (lo que suceda primero), especialmente si tienen sobrepeso, presión alta o diabetes.
    • Repetir cada 1 a 3 años.

Si tienes un estilo de vida muy saludable, peso normal y sin factores de riesgo, el médico podrá espaciar los controles; si tienes varios riesgos, te sugerirá revisiones más frecuentes.

b) Por factores de riesgo (adelantar la revisión)

Debes adelantar tu revisión cardiovascular (aunque tengas menos de 40 años) si presentas uno o más de los siguientes:

  • Hipertensión arterial (presión alta), aunque sea “un poco”.
  • Diabetes o “azúcar alta” en sangre.
  • Colesterol o triglicéridos elevados.
  • Tabaquismo (fumas diario o con frecuencia).
  • Sobrepeso u obesidad (especialmente si te han dicho que tienes “panza de riesgo” o cintura grande).
  • Sedentarismo (pocas o nada de actividades físicas a la semana).
  • Enfermedad renal crónica.
  • Enfermedades reumatológicas o autoinmunes tratadas con ciertos medicamentos (por ejemplo, corticoides prolongados).
  • Antecedentes de preeclampsia o diabetes gestacional en el embarazo.

En estos casos se recomienda una valoración cardiovascular tan pronto como sea posible, aunque tengas 30 o incluso menos.

c) Por antecedentes familiares

Debes hacerte una revisión cardiovascular más temprana y estricta si:

  • Un familiar cercano (papá, mamá, hermano, hermana) tuvo:
    • Infarto antes de los 55 años (en hombres) o antes de los 65 años (en mujeres).
    • Muerte súbita, “paro cardiaco” o “se murió de repente”.
    • Diagnóstico de enfermedad coronaria, cirugía de corazón o “cateterismo con colocación de stent”.
  • Hay varios familiares con colesterol muy alto, infartos repetidos o embolia cerebral.

En estas situaciones es prudente acudir a revisión incluso desde los 30–35 años, o antes si el médico lo sugiere.

d) Por síntomas (acudir de inmediato)

No esperes a que “se quite solo”. Debes buscar revisión cardiovascular lo antes posible si tienes:

  • Dolor u opresión en el pecho:
    • Sensación de “apretón”, “peso”, “ardor” o “quemazón” en el centro o lado izquierdo del pecho.
    • Puedes extenderse al brazo izquierdo, mandíbula, espalda o estómago.
    • Se presenta con esfuerzo, estrés o subiendo escaleras y mejora al descansar.
  • Falta de aire:
    • Te cansas con actividades que antes tolerabas bien.
    • Te falta el aire al subir pocos escalones, caminar distancias cortas o al acostarte.
  • Palpitaciones:
    • Sientes el corazón muy rápido, “saltado”, “brincado” o con latidos irregulares.
  • Mareos intensos o desmayos sin explicación.
  • Hinchazón de piernas, tobillos o abdomen que no tenías antes.
  • Cansancio extremo que no corresponde a tu actividad diaria.

Si el dolor en el pecho es muy fuerte, se acompaña de sudor frío, náuseas, dificultad para respirar o sensación de muerte inminente, es una urgencia y debe atenderse de inmediato en un servicio de urgencias.

¿Cada cuánto repetir la revisión cardiovascular?

Depende de tu nivel de riesgo:

  • Riesgo bajo (sin enfermedad, sin factores de riesgo importantes, presión normal, colesterol y glucosa normales):
    • Cada 2–3 años.
  • Riesgo moderado (uno o dos factores de riesgo, sobrepeso, presión ligeramente alta, glucosa “limítrofe”):
    • Cada 1 año.
  • Riesgo alto (diabetes, hipertensión, colesterol muy alto, enfermedad renal, antecedentes de infarto o embolia):
    • Controles más frecuentes, a veces cada 3–6 meses, según la indicación del médico.

En México, las guías clínicas recomiendan calcular de manera sistemática el “riesgo cardiovascular” en adultos con factores de riesgo y repetir la evaluación periódicamente, sobre todo en hombres mayores de 40 años y mujeres mayores de 50 años.

¿En qué consiste una revisión cardiovascular?

Una revisión cardiovascular puede ser muy sencilla o más completa, según tu caso. En general incluye:

a) Historia clínica y exploración física

El médico preguntará:

  • Edad, peso, talla y hábitos (dieta, actividad física, consumo de alcohol y tabaco).
  • Antecedentes personales:
    • Hipertensión, diabetes, colesterol alto, enfermedad renal, problemas tiroideos.
  • Antecedentes familiares:
    • Infartos, embolias, muerte súbita, enfermedades del corazón.
  • Síntomas actuales:
    • Dolor en pecho, palpitaciones, falta de aire, mareos, hinchazón, fatiga.

Durante la exploración física se revisan:

  • Presión arterial en uno o ambos brazos.
  • Frecuencia cardiaca (latidos por minuto).
  • Pulso (fuerza y ritmo de los latidos en muñecas y piernas).
  • Peso, talla y circunferencia de cintura.
  • Auscultación del corazón y pulmones con estetoscopio.
  • Revisión de piernas para detectar hinchazón o problemas de circulación.

b) Estudios de laboratorio básicos

Suelen incluir:

  • Glucosa en sangre (para detectar diabetes o prediabetes).
  • Perfil de lípidos:
    • Colesterol total.
    • Colesterol “malo” (LDL).
    • Colesterol “bueno” (HDL).
    • Triglicéridos.
  • En algunos casos:
    • Función renal.
    • Algunos electrolitos.

Estos estudios permiten saber si tus arterias están expuestas a más riesgo por niveles elevados de grasas o azúcar.

c) Estudios de gabinete

Los más comunes en una evaluación cardiovascular son:

  • Electrocardiograma (ECG):
    • Estudio simple y rápido que registra la actividad eléctrica del corazón.
    • Detecta arritmias, signos de infarto previo y algunas alteraciones de transmisión eléctrica.
  • Radiografía de tórax:
    • Permite ver el tamaño y la forma del corazón y la situación general de pulmones.
  • Ecocardiograma:
    • Ultrasonido del corazón que muestra su estructura y su función (válvulas, fuerza de bombeo, grosor de las paredes).
    • Se recomienda en algunos pacientes, por ejemplo, con presión alta de tiempo prolongado para detectar hipertrofia del corazón.
  • Prueba de esfuerzo:
    • Caminas en banda o bicicleta mientras se monitorea el electrocardiograma y la presión.
    • Sirve para ver cómo responde tu corazón al esfuerzo y detectar falta de riego en las arterias del corazón.

En pacientes de alto riesgo o con hallazgos anormales, el cardiólogo puede indicar estudios más avanzados (por ejemplo, tomografía de arterias coronarias o cateterismo), pero eso ya se decide de manera individual.

Principales factores de riesgo en México

En la población mexicana destacan varios factores que aumentan la probabilidad de infarto, embolia cerebral e insuficiencia cardiaca:

  • Hipertensión arterial:
    • Muchos adultos la tienen y no lo saben.
    • Suele ser silenciosa por años.
  • Diabetes mellitus tipo 2:
    • Muy frecuente en México.
    • Aumenta varias veces el riesgo de infarto y daño en otros órganos.
  • Obesidad y sobrepeso:
    • Especialmente la acumulación de grasa en el abdomen.
  • Colesterol y triglicéridos elevados:
    • Favorecen la formación de placas de grasa en las arterias.
  • Tabaquismo:
    • Daño directo a las arterias, aumenta presión y riesgo de coágulos.
  • Sedentarismo:
    • Poco movimiento, muchas horas sentado.
  • Dieta alta en sal, grasas saturadas y azúcares:
    • Abuso de comida rápida, frituras, bebidas azucaradas y porciones grandes.
  • Estrés crónico y mal sueño:
    • También influyen en la presión y en el control del peso y de la glucosa.

Reconocer estos factores es clave para decidir cuándo comenzar y con qué frecuencia repetir tus revisiones.

¿Qué síntomas deben encender “focos rojos” cardiovasculares?

Hay síntomas que no se deben ignorar, sobre todo si se combinan con factores de riesgo:

  • Dolor u opresión en el pecho con esfuerzo o estrés.
  • Falta de aire al subir escaleras o caminar distancias cortas que antes no te causaban problema.
  • Palpitaciones frecuentes o muy intensas.
  • Mareos, desmayos o casi desmayos.
  • Hinchazón de piernas o tobillos que aparece de manera progresiva.
  • Cansancio extremo sin causa aparente.
  • Dolor en piernas al caminar que mejora al descansar (puede indicar mala circulación).

Ante cualquiera de estos síntomas, una revisión cardiovascular no debe retrasarse.

¿Qué tratamientos pueden indicarse tras una revisión?

El tratamiento depende de lo que se detecte. En términos generales, puede incluir:

a) Cambios en el estilo de vida

Son la base del tratamiento y, en muchos casos, tan importantes como los medicamentos:

  • Alimentación:
    • Reducir sal (evitar el salero en la mesa, embutidos, frituras y comida muy procesada).
    • Disminuir grasas saturadas (carnes muy grasosas, piel de pollo, frituras).
    • Aumentar consumo de frutas, verduras, leguminosas (frijoles, lentejas) y granos integrales.
    • Modificar el consumo de azúcares y harinas refinadas (refrescos, panes dulces).
  • Actividad física:
    • Al menos 150 minutos a la semana de actividad moderada (por ejemplo, caminar rápido), repartidos en 3–5 días.
    • Adaptada a la edad y condición de cada persona; en casos de enfermedad avanzada, el médico debe indicar qué tipo de ejercicio es seguro.
  • Dejar de fumar:
    • De los cambios más beneficiosos para el corazón
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